Extrañar tus manos, cuando son otras las que me tocan.
Tu risa, cuando la de él me hace reír.
Tu nariz, estorbo al besar... su nariz, completamente única y bien hecha para mí.
Tu voz, tu sonrisa, tus cariñitos groseros hacia mí...
Esa hostil manera de comportarte y de controlarme.
Y es que a veces es difícil no verlo como a un niño.
Berreando por cási todo, odiandolo todo.
Claro, tu a tus treinta comprabas juguetes pero, me tenías ahí.
Aferrada.